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Tu equipo no quiere usar IA: por qué pasa y qué hacer desde la dirección

Casi la mitad de la gente que usa IA en el trabajo no se anima a contárselo a su jefe, y buena parte del resto no la usa porque nadie le dijo para qué ni con qué permiso. Lo que dicen las encuestas y lo que puede hacer, en concreto, la dirección de una PyME.

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Tu equipo no quiere usar IA: por qué pasa y qué hacer desde la dirección

Cuando un dueño me dice «mi gente no quiere saber nada con la IA», casi siempre le pido lo mismo: que no saque conclusiones todavía. Porque detrás de esa frase suelen convivir dos grupos bien distintos. Los que de verdad no la usan, y los que la usan todos los días pero no lo dicen.

Los dos grupos parecen iguales desde la oficina de dirección: no aparecen en ningún informe, no proponen nada, no cambia ningún proceso. Pero tienen motivos distintos y se destraban de maneras distintas. Confundirlos es el primer error.

Primero: mucha de esa gente ya la usa, a escondidas

El Work Trend Index 2024 de Microsoft y LinkedIn, que encuestó a 31.000 trabajadores del conocimiento en 31 países, encontró que el 75 % ya usaba IA generativa en el trabajo y que el 78 % de esos usuarios llevaba sus propias herramientas, sin esperar a que la empresa se las diera. El mismo estudio mostró la otra cara: el 52 % de los que la usan se resiste a admitirlo cuando la aplica a sus tareas más importantes.

No es un dato aislado. El Workforce Index de Slack de otoño de 2024, con más de 17.000 respuestas en quince países, encontró que el 48 % de los empleados de oficina se sentiría incómodo contándole a su jefe que usó IA para tareas comunes. Y el estudio global de KPMG y la Universidad de Melbourne, publicado en abril de 2025 con 48.000 personas de 47 países, fue más lejos: el 57 % de los empleados dice que oculta su uso de IA y presenta como propio trabajo hecho con ella.

Usar IA y no decirlo

Porcentaje de trabajadores que declara cada situación, según tres encuestas internacionales.

  • Oculta su uso y presenta el trabajo como propio (KPMG) 57 %
  • Se resiste a admitir que la usa en sus tareas importantes (Microsoft) 52 %
  • Se sentiría incómodo contándole a su jefe que la usó (Slack) 48 %

Las tres preguntas no son idénticas ni las muestras son las mismas, pero apuntan al mismo lugar: una parte grande del uso real no se ve desde arriba.

Fuente: KPMG y Universidad de Melbourne, abril de 2025 · Microsoft Work Trend Index, mayo de 2024 · Slack Workforce Index, otoño de 2024

Para una PyME, esto tiene una consecuencia práctica. Si la gente que ya sabe usar IA la usa callada, lo que aprende no le llega a nadie más. Es exactamente el problema de la persona que sabe y no contagia: no es que no quiera compartir, es que compartir la expone.

Los motivos de fondo, uno por uno

Cuando se les pregunta a los que no se animan a contarlo por qué, las respuestas de la encuesta de Slack son reveladoras. Casi ninguna tiene que ver con la tecnología.

Por qué no le cuentan al jefe que usan IA

Entre quienes se sentirían incómodos, porcentaje que menciona cada motivo.

  • Siente que usar IA es hacer trampa 47 %
  • Teme que lo vean como menos capaz 46 %
  • Teme que lo vean como vago 46 %
  • La política de la empresa la desaconseja o prohíbe 21 %

La prohibición formal es el motivo menos citado. Lo que frena es la mirada del otro.

Fuente: Slack Workforce Index · encuesta del 2 al 30 de agosto de 2024, 17.372 respuestas

A esos motivos se suman otros que escucho seguido en las capacitaciones y que las encuestas también registran. Los ordeno en cinco, porque cada uno pide una respuesta distinta:

  • Miedo a quedar como reemplazable. El 53 % de los usuarios de IA encuestados por Microsoft teme que usarla en tareas importantes lo haga parecer reemplazable. Y el temor no es de un solo nivel: el estudio AI at Work 2025 de BCG encontró que el 43 % de los líderes y gerentes y el 36 % del personal de primera línea teme perder su trabajo en los próximos diez años.
  • No ver para qué. Mucha gente probó una vez, le pidió algo genérico, recibió una respuesta genérica y concluyó que «no sirve para lo mío». No es desinterés: es que nadie le mostró una tarea de su propio trabajo resuelta mejor.
  • Falta de tiempo. Aprender algo nuevo cuesta más al principio. Si la persona está al límite con lo urgente, la IA compite contra la entrega de mañana y pierde. El mismo informe de Slack encontró que el 61 % de los empleados había dedicado menos de cinco horas a aprender a usarla.
  • Una mala primera experiencia. Un dato inventado en un informe, un mail que salió con un error vergonzoso. Una sola vez alcanza para que alguien decida no volver. Es razonable: el estudio de KPMG encontró que el 56 % de los empleados cometió errores en su trabajo por culpa de la IA, y que el 66 % usa lo que devuelve sin verificarlo.
  • No saber si está permitido. Según Slack, el 45 % de los empleados no tiene permiso explícito para usar IA. Y según KPMG, solo el 40 % dice que su lugar de trabajo tiene una política o una guía sobre IA generativa. Ante la duda, mucha gente elige no usarla o usarla sin avisar.
La mayoría de las veces el freno no es la herramienta ni la edad de la gente. Es no saber qué piensa el que decide.

Lo que las encuestas dicen que sí mueve la aguja

La parte buena de estos estudios es que también miden qué cambia cuando la dirección hace algo. Y los efectos son grandes.

Qué pasa cuando la dirección se mueve
Lo que hace la direcciónLo que se midióFuente
Da permiso explícito para usar IALos empleados con permiso son casi 6 veces más propensos a haber probado herramientas de IASlack, marzo de 2024
Apoya el uso de forma visibleLa opinión positiva sobre la IA sube del 15 % al 55 % cuando hay apoyo fuerte de los líderesBCG, junio de 2025
El jefe directo acompaña el usoLos empleados son 1,7 veces más propensos a usarla con frecuenciaGallup, 2026
Comunica un plan claroSolo el 25 % de los empleados en Estados Unidos dice que su organización lo hizoGallup, mayo de 2026

El dato de Slack de marzo de 2024 es el que más me gusta mostrar, porque desarma una intuición común. No hace falta una política sofisticada: lo que multiplica el uso es que exista un permiso claro. Incluso las empresas con reglas que limitan el uso tienen más gente probando que las que no dicen nada. El silencio es peor que una regla estricta.

El indicador de Gallup sobre IA en el trabajo va en la misma línea: en mayo de 2026, tres de cada cuatro empleados en Estados Unidos decían que su organización no les había comunicado un plan claro para integrar la IA. Si eso pasa en las empresas grandes, que tienen áreas enteras dedicadas a comunicar, en una PyME el silencio suele ser total.

Qué hacer desde la dirección, en concreto

Nada de lo que sigue requiere comprar una herramienta ni contratar un curso. Requiere decisiones y, sobre todo, conversaciones.

  • Decí en voz alta que está permitido, y qué no. Una página alcanza: qué se puede hacer sin preguntar, qué información de la empresa no se carga nunca y qué tiene que revisar una persona antes de salir hacia un cliente. Lo desarrollé en este artículo sobre el criterio común. Lo importante es que lo diga el dueño, no el de sistemas.
  • Sacá el uso de la sombra sin castigar a nadie. Preguntá quién ya la usa y para qué, aclarando antes que no hay consecuencias. El mensaje tiene que ser «queremos aprender de lo que ya hacen», no «queremos saber quién la usa».
  • Contestá la pregunta del reemplazo antes de que la hagan. Si no la contestás vos, la contesta el rumor. No prometas lo que no podés garantizar, pero sí podés decir qué vas a hacer con el tiempo que se libere. Qué dicen los datos sobre esto lo repasé en otro artículo.
  • Elegí una tarea real de cada área, no un curso general. La forma más rápida de pasar de «no sirve para lo mío» a usarla es ver resuelta una tarea propia: la respuesta a un reclamo típico, el resumen de una reunión con un cliente, la primera versión de una cotización.
  • Dale tiempo protegido, aunque sea poco. Una hora por semana, en la agenda, para probar sobre trabajo real. Si el aprendizaje tiene que entrar en los huecos que deja lo urgente, no entra.
  • Premiá al que muestra, no al que esconde. Cuando alguien comparte cómo resolvió algo, que se note. Es la forma de que lo que sabe una persona le sirva a las demás, que es el problema de fondo de casi todas las PyMEs con las que trabajo.
  • Usala vos, a la vista. Si el dueño llega a la reunión con algo que preparó con IA y cuenta cómo lo revisó, el equipo entiende más que con cualquier comunicado. Volví sobre este punto en el artículo sobre liderazgo.

Lo que conviene no hacer

Prohibir no funciona. BCG encontró que más de la mitad de los empleados que no tienen las herramientas que necesitan dicen que igual buscarían alternativas y las usarían. La prohibición no elimina el uso: lo empuja a cuentas personales, con datos de la empresa y sin ningún criterio común.

Tampoco conviene obligar a usarla con metas de uso. «Todos tienen que usar IA al menos tres veces por semana» produce exactamente eso: tres usos por semana, casi siempre en lo que menos importa. Lo que interesa medir no es cuánto se usa la herramienta, sino si alguna tarea concreta se hace mejor o más rápido que antes.

Un equipo que no usa IA casi nunca es un equipo que se niega. Es un equipo que todavía no sabe qué espera de él la empresa.

La resistencia, cuando se la mira de cerca, suele ser una suma de preguntas sin contestar: si está permitido, si es trampa, si me va a dejar sin trabajo, para qué me sirve a mí. Ninguna de esas preguntas la contesta un proveedor de tecnología. Las contesta la dirección, y cuanto antes, mejor.

En el Programa INTEGRA empezamos justamente por ahí: antes de hablar de herramientas, ordenamos qué se permite, qué tarea de cada área vale la pena tocar primero y quién lo sostiene dentro de la empresa. El primer paso es una Consultoría Estratégica Gratuita, donde miramos juntos dónde está el freno en tu equipo.

Escribe Pablo Brunet, consultor de inteligencia artificial para PyMEs en Santa Fe. Hace más de 16 años que trabaja con PyMEs y creó el Método INTEGRA.

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